Tu voz aún me recuerda a fantásticas historias, a poemas recitados, ya en pleno siglo veinte, y aunque tu voz se haya callado todavía siento el eco.
A penas te conocí al final de tu vida, y aunque el comienzo de la mía este borrosa, tu mirada todavía es alcanzable.
Después de todo el recuerdo es imborrable, no como las lágrimas, que soy capaz de apartar de mi cara una a una, cada vez que se atreven salir.
Es inevitable que el tiempo pase, desde tus dulces años de mozo que quedan reflejados en las fotografías en blanco y negro, hasta tus últimos años, donde el impulso de tu alma, nos agarro las manos.
Y aunque los años pasen, no puedo evitar mirar tu silla y descubrir de nuevo que esta vacía.

Qué tierno este post!!! se nota que haz querido mucho a tu abuelo, y que bueno que puedas contarlo a través de estas letras. La silla de mi abuelo (el que más disfruté) también está vacía hace un año y lo extraño mucho. por eso me sentí tan identificada con este texto.
dien que uno llora a aquellos gracias a quienes es algo, tu abuelo, debe haber sido muy importante en tu vida, y seguramente desde alguna estrella te está cuidando.
un beso.
Marcela
Gracias Marcela, pensé que no sería capaz de expresar lo que siento de verdad con palabras, pero un poco de mi corazón se transformo en palabras. Un beso.
que hermoso escrito...espejo de sentimientos...