ABUELO


Tu voz aún me recuerda a fantásticas historias, a poemas recitados, ya en pleno siglo veinte, y aunque tu voz se haya callado todavía siento el eco.
A penas te conocí al final de tu vida, y aunque el comienzo de la mía este borrosa, tu mirada todavía es alcanzable.
Después de todo el recuerdo es imborrable, no como las lágrimas, que soy capaz de apartar de mi cara una a una, cada vez que se atreven salir.
Es inevitable que el tiempo pase, desde tus dulces años de mozo que quedan reflejados en las fotografías en blanco y negro, hasta tus últimos años, donde el impulso de tu alma, nos agarro las manos.
Y aunque los años pasen, no puedo evitar mirar tu silla y descubrir de nuevo que esta vacía.